Narra
Pablo
Por magia, entre su grande grito se hizo
escuchar el lloro… el lloro de mi niño, ¡por fin nacía mi pequeñito! Yo casi
saltaba de alegría y Ainhoa caía con la cabeza en la camilla, casi sin fuerza
ninguna, pero sonreía más que nunca, cerrando los ojos al mismo tiempo.
Aquella preciosidad pequeñita y gordita
nos hacía sonreír de oreja a oreja y nos hizo soltar unas buenas lágrimas
dulces, llenas de alegría, sintiendo algo que jamás habíamos sentido.
- ¡El niño tiene una cuerdas vocales
estupendas! – decía la enfermera. De hecho, su lloro era intenso, pero parecía
una pura melodía.
El tiempo paraba en aquel momento, el
mismo en que él, de forma muy graciosa, se va tranquilamente para los brazos de
Ainhoa.
Sus bracitos y sus piernitas se movían,
todo en él era la cosa más preciosa del mundo. Se vía nacer una nueva luz, un
motivo más para ser feliz, una nueva vida había nacido allí mismo, que fue el
resultado de todo un amor loco, intenso, entre las nubes y con pies bien firmes
en tierra.
- ¿Cómo se llamará el niño? – nos
preguntan.
- Enrique… - responde Ainhoa, haciendo
un sacrificio tremendo.
- Enrique Moreno Martínez… - completo
yo, mirando a mi pequeñito.
(Algunas
horas después)
La noche empezaba a caer y de Málaga
llamaba mi familia más eufórica que nunca. Es cierto que mañana os tendré aquí
a todos, deseando ver el nuevo miembro de la familia.
- Papá, ¿ya podemos irnos?
- Sí, mi amor…
- Dime como él es… dímelo…
- Ya verás, princesita… venga, abre esa
puerta, pero tienes que entrar en silencio que seguro que él se está durmiendo…
Entramos los dos y luego surge Ainhoa,
con el pequeño en sus brazos. La peque se va llena de euforia a ver su
hermanito. Salta para la camilla, siéntase junto a ella y luego empezó a
contemplar los encantos del pequeñito:
- ¡Dios mío, qué cosita tan bonita! Que
mono…
Allí mismo se derretía Ainhoa, elogiando
sin parar su hermanito y que nadie se atreviese a interrumpirla en aquel
precioso momento. A lo que parece, al pequeño Enrique parece que se ha perdido
de amores por Ainhoa. Ella agarra su manito y él se despierta sonriendo.
¡Cuánto amor en una sencilla sonrisa de un bebé!
Y en el día siguiente y de manera casi
religiosa, la familia se encuentra toda en el hospital. Una auténtica invasión
de Alboranes y Martínez, totalmente embobados.
-
Me lo parece que estoy viendo mi hermano de nuevo en bebé… es igualito,
igualito… - decía Casilda - … estos rizos rubios no equivocan a nadie…
- No puedo despegarme de este gordito… -
comenta Pilar, que cuando supe que su nieto se llamaba Enrique, se le saltaron
unas cuantas lágrimas de emoción, que todavía no han secado por ver semejante
angelito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario